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Radio Nacional Rosario

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no me hubieran jodido, ¿saben a lo que me refiero? En fin, me traje algo. Fui a la tienda de regalos en Talibán. Me temo que solo pude conseguir esto. Es una pena que te tengas que ir. Bueno, espero que al menos vueles en primera clase. Geri no me aprecia tanto. Pero al menos sí le agrado ahora, así que mientras tenga la oportunidad, debo sacarle algo mejor. ¡Sí! Sí. Espera, Irak. Iré contigo. No, de hecho, Pakistán. Allí está la violencia de verdad. Se parece al Lejano Oeste. En realidad, le dije a Geri que quiero ir a Nueva York o D.C. No, en serio. Dime la verdad, ¿a dónde vas? Nueva York o D.C. ¿Por qué? Puedes venir conmigo. Pienso que hay suficiente trabajo de calidad por hacer en el mundo real, y la burbuja de Kabul ya tiene su gente. ¿Esto es porque fui a Badakhshan sin ti? Porque tú habrías hecho exactamente lo mismo. ¡Y te perdono! Esto no se trata de ti. No se trata de Badakhshan, o Glasgow, o la casa de campo con las gallinas. ¿Qué gallinas? No hay problema. Sé que no vendrás. Solo debo irme antes de que sea muy tarde. ¿Qué quieres decir? Empezaba a sentir que esto era normal. Tú sabes que no lo es, ¿verdad? Ven a Nueva York por ella. Recuerda que eres como un seis en Manhattan. ¿Cómo está tu bebé? ¿Cuál? ¿Tienes dos? Sí. Con menos de un año de diferencia. Se encuentran muy bien. El más joven, el niño, es muy fuerte. Apuesto a que la niña también es fuerte. Es más fuerte. Entonces, aquellos hombres en el hospital, los adictos… ¿Alguno de ellos se recuperó? ¿Tienen un final feliz? En mi cultura, nos abrazaríamos. Hola. Extraño Afganistán. Sí, yo también lo extraño. De hecho, intenté regresar. Ni siquiera el ejército me acepta. ¡Ni el ejército! Es un insulto. Bueno, siento mucho que te haya pasado esto. Así que si hay algo que me quieras decir, estoy aquí por eso. Por eso vine. Señora, perdí mis piernas por una bomba, no por su culpa. Lo aprecio, pero si no te hubiera mencionado, no te habrían transferido. En serio, puedes decirme lo que quieras. Para eso vine. Bueno, digamos que tiene razón. Aún no tiene la culpa, señora. Algún hajji tuvo que haber plantado esa bomba. Y, diablos, si los padres de Bin Laden se hubieran divorciado, quizá ninguno de nosotros habría estado en Afganistán. Y los talibanes no habrían apoyado a Osama Bin Laden si Brezhnev no se hubiera metido en problemas con Afganistán desde un principio. Y el Imperio británico. Sí. Y Kim Baker. Está bien, me lo merezco. Tan pronto te quedas sin piernas, todos se toman las cosas a pecho. Hay muy pocas cosas que podemos controlar, buenas o malas. Si no aprendió eso en Afganistán, no estaba prestando atención. Entonces, ¿no me vas a gritar? Señora… Kim, tienes que seguir adelante. Te estás dando demasiado crédito. Aceptas la miseria, sigues adelante. ¿Qué otra maldita opción tenemos? ¿Escucho palabrotas allá afuera? ¿Cómo es que escuchas la sola vez que maldigo? “Sola vez”. Digo… Es cierto. En la milicia era un santo. No mientas por él. Kim, ¿te quedarás a cenar? Por supuesto que lo hará. ¡Adiós! Dile adiós a Kim. ¡Adiós Kim! Dile adiós. Coronel, el Ejército Nacional Afgano no alcanzó otra marca para su preparación.


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