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La Ocho 830 AM

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Y los pocos que se quedan están furiosos porque tienen que comer de bolsas de papel y tirar su propia basura. ¿Por qué? Vas genial. Bueno, no les atendemos a sus autos, así que tienen que venir a la ventanilla. ¡Bienvenidos a McDonald’s! Subestimamos la curva de aprendizaje que habría. Así que para las cinco, ya estaba calculando cuanto nos costaría volver al sistema anterior. Pero yo no quería tirar la toalla aún. Me puse a reflexionar sobre los días en Hollywood, y me digo a mi mismo, “tenemos que hacerlo a lo grande”. Tiene que ser como un espectáculo. Entonces le digo, “, quiero hacer otra gran inauguración. Una fiesta de estreno que haría palidecer a Louis B. Mayer”. Así que alquilamos unos cuantos focos. De los mismos que transportábamos cuando trabajábamos para Columbia. Conseguimos cohetes y un malabarista para los niños. Fue un gran evento, y la gente vino en manada. Y después Aparecieron las moscas. Las luces deberían haberlas atraído. Había millones de ellas. Era como una escena de Éxodo. El Faraón habría liberado a los israelitas. Un desastre total. En ese momento sí quería tirar la toalla. Al día siguiente, y yo quedamos para hablar de cómo íbamos a volver al modelo anterior. Y mientras estábamos hablando, alguien llamó a la ventanilla. Le dije que estaba cerrado. Está cerrado. Pero se veía tan bonito. Espera, espera. ¿Qué quieres tomar, hijo mío? ¿Puedo pedir unas hamburguesas? ¿Tres? Sí, por favor. Y como me daba pena, encendí la parrilla y le preparé unas hamburguesas. Aquí tienes. Y cuando se iba, apareció un auto. Y luego otro. ¿? Y luego otro. Hola, bienvenidos a McDonald’s. Hola. Poco después, había una cola larguísima. Se habían enterado de nosotros. Y de repente estábamos ocupados. De la noche a la mañana, fue un gran éxito después de años de preparación. Así que ésta es nuestra historia. ¡Abran franquicias! ¿Cómo? ¡Qué abran franquicias! ¡Franquicien su restaurante! Es demasiado bueno para que exista tan sólo uno. Debería haber McDonald’s por todas partes. Por todo el país. Por todo el mundo. Sr. Kroc Esperen un momento Tengo algo que confesarles. No vine a California por unas reuniones de negocios. Vine aquí por Uds. Hace unos días, llegué a St. Louis, Missouri. Estaba haciendo negocios cuando saqué mi mapa. Y con un dedo seguí una de las carreteras hacia el oeste. Por la Ruta . Sr. Kroc Y una vocecita me habló. Me dijo que condujera por esa carretera. ¿Y saben adónde me llevó? Aquí. Aquí mismo. Directamente a este restaurante increíble. Y cuando vi este sitio, conocí toda su operación, y probé su comida, yo supe lo que Uds. tenían que hacer. ¡Qué abran franquicias! ¡Franquicias! ¡Franquicias! ¡Franquicias! Ya lo hemos intentado. Abrimos cinco. Tres en el Sur de California, uno en Sacramento, y otro en Phoenix. Y ahí se acabó la historia. ¿Por qué? Simplemente dicho: Por el control de calidad. Es casi imposible hacer cumplir estas normas a distancia. Los restaurantes estaban hechos un desastre, las cocinas estaban sucias, y las cartas eran contradictorias. El de Sacramento estaba vendiendo burritos.


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