Radio:Radio María Argentina 92.1 FM Mar del Plata

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¿Qué pasa, Alice? ¿Qué pasa, Srta. Moore? ¿Estás bien, querida? Es que estaba todo muy oscuro. La Sra. Reed entró de repente y me asusté. Lo siento mucho. No se vayan. Yo también voy. Siento haberte asustado. Pensé que sabrías dónde está Oliver. No le encuentro. Te esperamos en el museo. Estará en casa, probablemente. Entonces, si no te importa, me voy. ¿Me das mi albornoz? Claro. ¡Dios mío! Está hecho trizas. Gracias por venir a estas horas, Dr. Judd. Le llamé porque estoy preocupada. ¿Me ayudará? ¿Cree en la gente gato? ¿La gente gato? ¿La historia de la Sra. Reed? Sí. Lo que creo, mi querida señorita, es lo que le dije a la Sra. Reed. La historia es un producto de su miedo, de su excesiva imaginación. ¿Qué pensaría si le digo que creo en la historia de Irena? ¿Sí? Algo que no era humano me ha seguido dos veces. Algo que atentaba contra mi vida. Creo que era la forma felina de Irena. ¿Por qué querría hacerle daño? Porque estoy enamorada de su marido. Querida Srta. Moore, la historia es cada vez más encantadora, y al mismo tiempo, más sencilla. Ambas son víctimas del miedo. La Sra. Reed teme al pasado, y Vd. teme al presente. La Sra. Reed tiene una imaginación fuerte, y Vd. tiene una conciencia fuerte. Dr. Judd, el peligro que me amenazó era real. Me decepciona, Srta. Moore. Este es mi albornoz. Para entender esto, primero debería escuchar la versión de la Sra. Reed. Sería una entrevista muy interesante. No le aconsejo verla a solas. ¿Cree que temo a una dama tan encantadora? Sé que no me cree, pero debe tener cuidado. ¿Quiere que lleve algún medio de protección? ¿Quizá un revolver con balas de plata? ¿Es eso? Si tiene la suerte de tener uno. Por supuesto, esto no es de plata. Buenas noches, Srta. Moore. Dice que tiene momentos de los que no se acuerda. Cada vez son más frecuentes, y tiene miedo. Ayúdeme. No puedo ayudarle, no es sincera conmigo. Sí lo soy. Le he contado todo, nunca le he mentido. ¿Cree sinceramente que si su esposo la besara, Vd. se transformaría en gato y le haría pedazos? No lo sé, pero tengo miedo. ¿Y si la besara yo? Sólo sé que no me gustaría que Vd. me besara. Querida Sra. Reed, a veces en mi profesión, hay una lucha de voluntades entre médico y paciente. Los pacientes son muy inteligentes, y pueden engañar al médico Radio a veces. Vd. es muy inteligente, y tal vez esté disfrutando de jugar conmigo. Pero descubriré su secreto. Créame, Dr. Judd. Le ruego que me crea. No tengo secretos. Se lo he contado todo, no le he mentido. Necesito su ayuda. No puedo ayudarle. Pero puedo avisarle. Esas alucinaciones se acercan a la locura. Esas tonterías sobre el parque y la piscina y la Sra. Moore, son un deterioro de la mente, una huida a la fantasía, y es peligroso. En este momento podría pedirle a la junta que la pusiera bajo observación. Está demasiado cerca de la locura real. No puedo ayudarle. Sólo puede hacerlo Vd. misma. Insiste en volver a las viejas leyendas de su pueblo. Olvídelas. Está rodeada de objetos y fotos de gatos. Líbrese de ellos. Lleve una vida normal. Por primera vez me ha ayudado de verdad. Quizá sea porque Vd. me interesa. Oliver. He vuelto a visitar al Dr. Judd. Ya no tengo miedo. Créeme, habría sido un hombre feliz si me lo hubieras dicho antes. Pero las cosas han cambiado. Quizá me haya dado cuenta a raíz de nuestro matrimonio. No quería decírtelo, pero creo que es necesario. Amo a Alice. Es demasiado tarde. Demasiado tarde. Sólo puedo hacer una cosa decente. Voy a concederte el divorcio. Créeme, es mejor así. ¿Mejor? ¿Mejor para quién? Irena, yo Radio Di algo. No puedes decir nada. No hay nada que puedas decir. Sólo hay silencio. Pero me gusta el silencio. Me gusta la soledad. Están dentro de mí. Su fuerza, su calidez. Son suaves. Son suaves. Hablas como una loca. Vete, por favor. Quiero que te vayas. Vete. Vete. ¿Crema bávara? ¿Roquefort? Y para Vd., tarta de manzana. He de señalar dos alternativas, Sr. Reed. O ponerla bajo observación y reclusión, o anular el matrimonio. Ambas son difíciles para Oliver. Como psiquiatra le recomiendo que la encierre. Pero como amigo le daría un consejo más razonable, que anule el matrimonio. De esa forma no tendría responsabilidades. Vds. podrían casarse. ¿Y si encierran a Irena? Según la ley, no puede divorciarse de un loco. Si no está bien, he de cuidar de ella. Es lo único correcto. Como desee. Tendré los papeles en orden, y concertaré una cita con ella en su casa. ¿Le va bien a las seis? No pongas eso. No creo que venga. Ha pasado una hora y media. Tal vez sea inútil esperar. No creo que vaya a venir. Probablemente esté paseando por el parque. Volvamos al despacho. Ha sido un mal día, y tenemos mucho trabajo. Por mí, está bien. ¡Qué estúpido! Me he olvidado el bastón. Se lo traeré. No, es culpa mía. Deme la llave. Será rápido. Cinco y medio. Cinco y medio. Y Radio uno Radio y tres octavos. Y uno y tres octavos. Ya está. Yo lo cogeré. ¿Diga? ¿Diga? ¿Diga? Me han colgado. Es curioso. ¿Qué? Ya me pasó una vez lo mismo. El teléfono sonó, y yo contesté. Había alguien al otro lado. Casi le podía escuchar. Luego sonó un clic, y colgó el aparato. Esa fue la noche en que me siguieron. Ollie. Salgamos de aquí, tengo miedo. Seguro que era Irena quien llamaba. Pudo llamar desde abajo. Tal vez esté subiendo. Coge tus cosas. La puerta está abierta. Vamos a bajar. Apagaré las luces de la mesa. Está cerrada. Hace un minuto estaba abierta. Está cerrada. Irena. Irena. ¡Déjanos, Irena! En nombre de Dios, déjanos en paz. Vamos. Bajemos por las escaleras. Ya se ha ido. No pasa nada, no tengas miedo. No tengo miedo. Mira. El perfume de Irena. Fuerte, dulce. Necesito una copa. ¿Sí? – ¿Dr. Judd? ¿Srta. Moore? Estábamos intentando dar con Vd., le llamé al hotel. Sí, lo sé. De eso quería hablarle. ¿Está solo? Es mejor que se vaya, podría llegar Irena. Es peligrosa, Dr. Judd. Se lo aviso. ¡Oiga! ¡Oiga! ¡Dr. Judd! Dr. Judd. Creo que llegó Irena y colgó. Vamos. Cogeremos un taxi. Llega tarde, ¿no? Yo he acudido a la cita. Mire, nunca me he creído su historia. No tengo miedo de Vd. Voy a abrazarla. Es tan pequeña, tan suave. El perfume de su cabello, de su cuerpo Radio No tenga miedo de mí, Irena. Sr. Reed. No se preocupe, Sr. Reed. Llamamos a la policía en cuanto oímos el alboroto. Gracias. Sue Ellen, sabes muy bien que no puedes tocar nada hasta que llegue la policía. ¡El bastón! Roto. Sólo queda la mitad. Tenemos que encontrarla. Vamos. Nunca nos mintió. Pero el negro pecado traicionó a la oscuridad infinita, a mi mundo, a ambas partes, y ambas partes deben morir. “Se regocijará la soledad y florecerá. “Exultará con gran júbilo Radio ” Eso no es un libro. “Fortaleced las manos débiles.” Eso no tiene nada de libro. Es lo que me ha pedido, algo distinto a los libros de contabilidad. “Fortaleced las manos débiles y corroborad la rodillas vacilantes.” ¿De dónde lo ha sacado? “Decid a los de apocado corazón: ‘No temáis, “pronto ha de llegar la retribución de Dios, “y entonces empezarán a brotar aguas en el desierto’.” ¿Y todo eso qué es? ¿Ha pasado ya? No. ¿Está sucediendo ahora? No. ¿Quién lo ha escrito? El profeta Isaías. ¡El profeta! No me gustan las profecías. La gente Radio



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